¿Por qué los cristianos de hoy somos tan superficiales?
¿Por qué hay una carencia de profundidad espiritual y falta de progreso en la santificación? Porque para progresar en la vida espiritual lo más importante es hacernos preguntas, y eso es algo que no nos hacemos.


Por ejemplo: ¿Por qué leo la Biblia? ¿Por qué no la leo? ¿Por qué le hablo de Jesús a la gente? ¿Por qué no? ¿Por qué vengo aquí? ¿Por qué ofrendo dinero? ¿Lo hago porque lo dice el pastor? ¿Son los pastores infalibles? ¿Entonces? ¿Qué dice la Biblia?
Ejemplo: una persona no quiere ofrendar un domingo pero el que recoge las ofrendas ese domingo es un líder muy respetado para el/ella y por no quedar mal, echa dinero. Hace una buena obra, pero ¿por qué? ¿Qué le motiva? La opinión del líder, PERO en el fondo, la profunda realidad es que se ama a sí misma porque no quiere quedar mal.
¿Has examinado tus motivaciones?
Examinar nuestras motivaciones nos mostrará que lo que parece que hacemos bien, no lo es, ¡y lo que parece malo tampoco lo es! Porque si esta persona no hubiera ofrendado aun a riesgo de quedar mal, habría sido la manifestación del amor de Dios por encima del amor a sí misma. Descansaría en que Dios llene su corazón y no la opinión del líder.
Por tanto, tenemos que preguntarnos ¿en qué se fija Dios?
2ª Samuel 16:7 Yahweh no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Yahweh mira el corazón.
Lucas 16:13-15 No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.
Para poder saber qué hay en nuestro corazón tenemos que preguntarnos ¿por qué?
Cuando Dios mira al ser humano no se enfoca tanto en lo que hace, sino más bien en por qué lo hace. Nuestra vida pública y visible son nuestras acciones y la privada/oculta, nuestras motivaciones. Dios ve y conoce AMBAS.
Una persona puede estar haciendo cosas “espirituales” sin ser realmente espiritual, PERO, las estará haciendo SIN disfrutar de Dios y por tanto, lo que le motiva es ser vista por buscar identidad a través de la aprobación.
Lloyd Jones: no hay nada más estúpido que pensar en el pecado solo en función de actos. El pecado es esencialmente una disposición del corazón.
¿Por qué muchas personas, incluso quienes participan activamente en comunidades de fe, parecen vivir una espiritualidad superficial?
¿Por qué hay una falta de profundidad interior y poco avance en el desarrollo personal o espiritual? Tal vez porque para crecer verdaderamente, es fundamental hacernos preguntas sinceras —y eso es algo que muchas veces evitamos.
Por ejemplo:
¿Por qué leo ciertos textos sagrados como la Biblia? ¿Por qué no los leo?
¿Por qué hablo (o no hablo) a otros sobre mi fe o mis creencias?
¿Por qué asisto a un lugar de reunión espiritual o religiosa? ¿Por qué doy dinero como contribución?
¿Lo hago por convicción, por costumbre, por presión, por quedar bien ante otros? ¿Qué dice realmente mi conciencia? ¿Qué dicen los textos que considero guía?
Un ejemplo: alguien no tiene el deseo de hacer una donación un día, pero quien pasa la colecta es un líder al que respeta mucho. Por no quedar mal, decide dar dinero. A primera vista parece una buena acción, pero… ¿por qué lo hizo realmente?
La motivación no fue el deseo sincero de ayudar, sino el temor a lo que pensará otra persona. En el fondo, esta acción puede reflejar más amor propio (o necesidad de aprobación) que generosidad genuina.
Cuando nos atrevemos a examinar nuestras motivaciones, descubrimos algo interesante: a veces lo que parece bueno no lo es tanto, y lo que parece incorrecto puede tener más verdad detrás de lo que creemos.
Por ejemplo, si esa persona no hubiera dado dinero para ser fiel a lo que sentía —aunque eso implicara quedar mal— tal vez habría demostrado algo más profundo: que su valor no depende de la opinión de otros, sino de una conexión más sincera con su interior, con su fe o con Dios (si cree en Él).
Entonces, vale la pena preguntarnos: ¿en qué se fija lo trascendente? ¿Qué ve lo divino, o el universo, o incluso nuestra conciencia más profunda?
Un texto bíblico dice:
«El ser humano se fija en las apariencias, pero Dios mira el corazón» (2 Samuel 16:7).
Y otro:
«Ustedes buscan justificarse ante los demás, pero Dios conoce sus corazones. Lo que los seres humanos consideran valioso, a menudo es detestable a los ojos de Dios» (Lucas 16:13-15).
Esto nos lleva a una reflexión: lo que realmente importa no es tanto lo que hacemos, sino por qué lo hacemos.
Nuestra vida visible son nuestras acciones, pero nuestra vida interior —esa parte que pocos conocen— está hecha de motivaciones. Una persona puede parecer muy espiritual o correcta por fuera, pero hacerlo todo sin disfrutar de una conexión auténtica con lo que cree. En ese caso, lo que la mueve no es el amor o la verdad, sino el deseo de ser vista o aceptada.
El teólogo Lloyd-Jones lo expresó así:
«No hay nada más absurdo que pensar en el pecado solo como una serie de actos. El pecado es, en esencia, una disposición del corazón.»
Sea cual sea tu creencia, esta es una invitación a mirarte con honestidad. A preguntarte: ¿por qué hago lo que hago? ¿Vivo buscando aprobación externa? ¿O estoy creciendo desde dentro, en autenticidad?