El corazón humano siempre está buscando algo que amar, seguir y servir, y por eso es tan importante aprender a mirar dentro de nosotros mismos. Las motivaciones son las razones profundas que nos llevan a pensar, decidir y actuar. No siempre son visibles desde fuera, porque una persona puede hacer cosas “correctas” por fuera y, sin embargo, tener el corazón lejos de Dios. Cuando algo ocupa el primer lugar en el corazón, termina dirigiendo nuestras palabras, nuestros hábitos y nuestra manera de vivir.
¿Por qué a veces deseas obedecer a Dios… y otras veces no? ¿Por qué hay temporadas de pasión espiritual y otras de frialdad? Y, sobre todo, cómo Dios transforma nuestras motivaciones desde dentro para llevarnos a una vida abundante.
Si somos honestos, hay momentos en los que nuestro corazón parece tener vida propia y no puede decir «no» a ciertos deseos. A veces, la mejor descripción de nuestra condición humana es que somos esclavos o adictos a nuestras propias pasiones.


Obedecemos lo que amamos
Todos tenemos un «amo» y en última instancia, somos controlados por aquello que amamos. Por eso, el camino de la obediencia a Dios no consiste simplemente en esforzarse más, sino en permitir que Él cambie lo que amamos, porque siempre terminamos obedeciendo a lo que más valoramos.
No somos seres neutrales. Nuestro corazón siempre está amando algo, y aquello que amamos se convierte en nuestro amo.
Mateo 6:21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.
Si a un niño pequeño le ofreces un helado o una tarjeta con millones de euros, elegirá el helado. No porque sea tonto, sino porque no puede ver el valor real de lo que se le ofrece. Así nos pasa con Cristo: el pecado nubla nuestra visión y nos impide apreciar Su belleza. Por eso, muchas veces preferimos placeres pequeños antes que el gozo profundo de Dios.
Cuando ponemos nuestra confianza en el dinero, el éxito, la aprobación de otros, la familia o incluso en nosotros mismos, esas cosas pueden convertirse en ídolos. Pero cuando Cristo abre nuestros ojos, todo cambia.
El problema no es disfrutar de los regalos de Dios, sino convertirlos en sustitutos de Dios.
El Espíritu transformador
Ser una persona espiritual no consiste en realizar «actividades religiosas» externas como leer, orar o evangelizar de forma mecánica. La verdadera espiritualidad tiene que ver con cómo hacemos las cosas y con qué fuerzas las hacemos: si con las nuestras o con las de Dios.
El cambio profundo no depende de nuestros esfuerzos humanos, sino de la obra sobrenatural del Espíritu Santo en nosotros. Estar lleno del Espíritu significa que Él nos muestra la gloria de Cristo de tal forma que se producen en nosotros nuevos deseos que antes no teníamos.
Jesús dijo de Él: Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14)
La obediencia cristiana no es un campo de concentración, sino un deleite. Cuando amamos a Dios, obedecer deja de ser un peso y se convierte en un placer.
Cinco pasos cuando no deseo obedecer
Las motivaciones no cambian de la noche a la mañana. Por eso son importantes hábitos sencillos y constantes: leer la Biblia, orar, meditar, confesar el pecado, servir a otros y reunirse con la iglesia. No hacemos estas cosas para ganarnos el amor de Dios, sino porque ya hemos sido amados. Son medios que Dios usa para despertar en nosotros más hambre de Él.
Todos tenemos momentos de frialdad espiritual. Hay días en los que no sentimos ganas de orar, leer la Biblia o perdonar. En esos momentos, la solución no es fingir, sino volver al Señor con sinceridad.
Es normal que, en nuestra vida terrenal, experimentemos una tensión entre lo que ya somos en Cristo y lo que seremos plenamente en la eternidad. Habrá días de desánimo, falta de deseo y una sensación de lejanía con Dios. Ante esta «frialdad», el primer paso es ser honestos y confesar nuestra falta de pasión ante el Señor.
Confiesa tu frialdad
Dios no quiere máscaras. Quiere sinceridad. Sentir que extrañamos a Dios es, curiosamente, una prueba de que lo hemos encontrado y de que Su Espíritu ha estado cerca de nosotros.
Pídele a Dios que te muestre Su belleza
Salmos 27:4 (RVR1960): «Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo».
Examina qué ha robado tu afecto
Pregúntate: ¿Qué ocupa hoy mis pensamientos? ¿Qué me da más alegría que Dios?
Expón tu corazón al Evangelio
La frialdad espiritual es amnesia espiritual. Necesitamos recordar quién es Dios y qué ha hecho.
Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento. (Romanos 12:2)
Obedece aunque no tengas ganas
No por hipocresía, sino confiando en que Dios reavivará el deleite.
Como todas las cosas… nos han sido dadas por su divino poder. (2 Pedro 1:3)
El servicio cristiano
El servicio cristiano genuino no es algo que hacemos para obtener algo a cambio. Cuando realmente vemos la gloria de Dios, como le sucedió a Isaías, nuestra respuesta natural es: «Heme aquí, envíame a mí» (Isaías 6:8). Servir es un milagro porque nuestro corazón egoísta, por naturaleza, solo busca su propio beneficio. Sin embargo, cuando el amor de Cristo nos cautiva, empezamos a vivir para Aquel que murió y resucitó por nosotros.
Servir es un resultado
Servir no es una carga cuando se hace por amor; es como el alimento para Jesús, quien dijo: «Mi comida es que haga la voluntad del que me envió» (Juan 4:34).
Servir es un milagro
Lidia, en Hechos 16, “rogó” que la dejaran servir. ¿Por qué? Porque “el Señor abrió su corazón”. El servicio auténtico nace de un corazón transformado.
Servir es recibir
Antes de dar, recibimos amor, poder y gracia. Servir no es pagarle a Dios, es recibir más de Él.
Mateo 10:8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
1 Pedro 4:11 Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da.
Exponer el corazón: buscar a Dios
Si tu corazón está frío, necesita ser expuesto a aquello que puede darle calor: el Evangelio. El Evangelio recuerda quién es Dios, cuánto nos ama y lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz. La falta de gozo suele ser un problema de «amnesia espiritual», donde olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros. Por eso, necesitamos una renovación constante de nuestro entendimiento.
Romanos 12:2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…
Esta renovación ocurre cuando leemos la Biblia, escuchamos predicaciones y compartimos nuestras luchas con otros hermanos. Es nuestra responsabilidad exponer regularmente nuestro corazón a la verdad de Cristo para que Él lo ablande y lo transforme según Su voluntad.
Proteger el corazón
A veces surge la pregunta: «¿Por qué debo obedecer si Dios ya me ha salvado y me perdona todo?«. Esta actitud suele exponer una frialdad de corazón o una falta de comprensión sobre quién es Cristo realmente.
Proverbios 4:23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.
Esto implica ser radicales para eliminar aquello que nos hace caer o que apaga nuestra hambre de Dios. No se trata solo de evitar vicios, sino de no permitir que cosas buenas (como el trabajo, los hobbies o las redes sociales) se conviertan en ídolos que ocupen el lugar del Creador. Debemos aprender a «sembrar para el Espíritu», invirtiendo nuestro tiempo y recursos en aquello que fortalece nuestra relación con Dios. Si cultivamos hábitos espirituales como la meditación, la oración y la confesión, estaremos exponiendo nuestra vida al único que tiene el poder de transformarnos radicalmente.
El camino de la verdadera motivación
Dios no quiere solo tu obediencia; quiere tu corazón. Y cuando Él conquista tu corazón, tus motivaciones cambian, tus deseos cambian, tu vida cambia. No se trata de esforzarte más, sino de exponerte más a Cristo. No se trata de producir amor, sino de recibirlo. No se trata de servir para ser aceptado, sino de servir porque ya lo eres.
La verdadera motivación cristiana nace cuando vemos la belleza de Cristo, recordamos su gracia y permitimos que el Espíritu Santo trabaje en nosotros. Entonces la obediencia deja de ser una carga vacía y se convierte en una respuesta de amor
Cuando una persona entiende la gracia de Dios, deja de vivir solo para sí misma. Empieza a ver que su vida puede bendecir a otros y glorificar a Dios en casa, en la iglesia, en el trabajo y en cualquier lugar.
¿Buscas a Dios?
Sea cual sea tu respuesta, si quieres saber más sobre cómo vivir una vida motivada por el amor de Dios, te esperamos en la Iglesia Cristiana Evangélica Buenas Noticias de Almansa.
Puedes ponerte en contacto con nosotros a través de nuestro formulario web o visitarnos en nuestras reuniones semanales en calle Miguel Servet, 9.