El asombroso Hijo que cambió la historia

El hijo que cambió la historia 4

En el Día Internacional del Hijo, el mundo celebra la relación entre padres e hijos, el amor familiar y los lazos que nos unen en la sangre. Pero para quienes creemos en el evangelio, hay un Hijo que trasciende toda relación humana: Jesucristo, el Hijo de Dios, por medio del cual toda la historia fue transformada.
Este día nos invita a reflexionar no solo sobre el amor paternal, sino sobre el mayor amor que el universo ha conocido: el amor del Padre que entregó a su Hijo unigénito por amor a nosotros (Juan 3:16).

Jesús, el Hijo eterno y divino

Desde el principio de los tiempos, el Hijo existía con el Padre. El evangelio de Juan nos lo revela: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. […] Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:1,14).

Jesús no comenzó a existir en Belén, sino que es eterno. Antes de toda creación, ya era el Verbo de Dios, el agente de la creación misma: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3).

Por tanto, cuando decimos que Jesús es el Hijo de Dios, no hablamos de una criatura ni de una figura simbólica. Hablamos de Dios manifestado en carne, del Hijo eterno que comparte la misma naturaleza divina del Padre y del Espíritu Santo. Jesús es la manifestación visible del Dios invisible (Colosenses 1:15). El Padre no envió a un mensajero cualquiera, sino a Su propio Hijo, nacido de una virgen, concebido por el Espíritu Santo (Lucas 1:35). Por eso, aunque Jesús fue completamente humano, nunca heredó el pecado de Adán. Vivió sin mancha, sin culpa, sin falla: “el Cordero sin defecto y sin contaminación” (1 Pedro 1:19).

Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios

La maravilla de la encarnación es que Jesús fue tan humano como nosotros, pero sin dejar de ser Dios.

Lucas 1:35El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios

Su nacimiento fue único. Concebido por el Espíritu Santo en el vientre de María, Jesús no heredó la corrupción del pecado de Adán. Fue el hombre perfecto, santo, sin mancha.
Vivió una vida plenamente humana: sintió hambre, cansancio, dolor y tristeza; pero también manifestó un poder y una autoridad que solo pueden venir del mismo Dios. Por eso, sus palabras, sus milagros y su carácter revelaban quién era realmente: el Hijo de Dios encarnado.

En Hebreos 1:3, el autor afirma: “El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…”.

Cristo no solo vino a mostrarnos al Padre: Él mismo es la perfecta imagen del Padre. Todo lo que Jesús dijo, hizo o mostró fue una manifestación de la gloria y el carácter de Dios.

El Hijo rechazado… y exaltado

Durante su ministerio terrenal, muchos se escandalizaron ante su declaración de ser el Hijo de Dios.
Cuando confesó esta verdad ante el Sumo Sacerdote, fue acusado de blasfemia (Mateo 26:64-66). Y ante Pilato, los líderes religiosos insistieron:

Nosotros tenemos una ley, y según esa ley debe morir, porque se hizo pasar por Hijo de Dios” (Juan 19:7).

Jesús no negó su identidad ni suavizó su mensaje. Aun sabiendo que esa afirmación lo llevaría a la cruz, dio testimonio fiel de quién era: el Hijo eterno enviado por el Padre para salvarnos.

Pero lo que para muchos fue motivo de escándalo, para Dios fue el cumplimiento de su plan eterno de redención.
En la cruz, el Hijo de Dios ofreció su vida en sustitución de los pecadores. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo, para reconciliarnos con el Padre (1 Pedro 2:24).
Y después de su muerte, resucitó con poder, confirmando su divinidad. Romanos 1:4 declara:

Que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos

Jesús, el Hijo que revela al Padre

El Hijo no solo vino a morir por nosotros: vino a revelarnos quién es el Padre.
En Mateo 11:25-27 Jesús oró diciendo:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las revelaste a los niños. […] Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce alguno sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”

Conocer al Hijo es conocer al Padre. Escuchar al Hijo es escuchar a Dios mismo. Por eso, cuando los discípulos vieron a Jesús transfigurado, una voz del cielo proclamó:

Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a Él oíd” (Mateo 17:5).

Esta declaración resume toda la verdad del evangelio: Jesús es el Hijo amado, digno de ser escuchado, seguido y adorado.

El Hijo glorificado y reinante

Aunque su gloria fue velada durante su vida terrenal, el Hijo eterno ha sido exaltado por encima de todo nombre.
El apóstol Pablo lo expresa con majestad en Filipenses 2:9-11:

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla […] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

Hoy, Jesús reina desde los cielos. Él sustenta el universo con la palabra de su poder (Hebreos 1:3) y volverá en gloria para juzgar a vivos y muertos.

El Hijo de Dios y nosotros, sus hijos por gracia

Celebrar el Día Internacional del Hijo nos recuerda también un milagro asombroso: por medio del Hijo eterno, nosotros hemos sido hechos hijos de Dios.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

No nacemos hijos de Dios por naturaleza, sino por gracia. Jesús, el Hijo único, abrió el camino para que fuéramos adoptados en la familia del Padre. Su obediencia perfecta y su sacrificio nos dieron acceso a una relación restaurada con Dios.

Por eso, al mirar a Cristo, aprendemos también qué significa ser verdaderos hijos: vivir en obediencia, humildad y amor, reflejando el carácter del Padre celestial.

El Hijo que cambió la historia

Jesucristo es el Hijo eterno, verdadero Dios y verdadero hombre, Creador y Redentor del mundo. En Él se revela la plenitud del Padre y por Él somos hechos hijos de Dios.
En este Día Internacional del Hijo, celebremos no solo a nuestros hijos terrenales, sino al Hijo perfecto, que vino a traer vida, luz y salvación a toda la humanidad.


¿Sabías esto sobre Jesucristo?

Sea cual sea tu respuesta, en la Iglesia Cristiana Evangélica Buenas Noticias de Almansa, te damos la bienvenida para acercarte y conocer a ese Hijo Eterno. ¡Visítanos!

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